El lenguaje inclusivo y la evolución de la lengua: Mansplaining dedicado a Arturo Vergés

Encontrado en las Redes

Cuando la gente utiliza la expresión «lenguaje inclusivo», se refiere a varios fenómenos. Uno es, por ejemplo, decir «arquitecta». En un momento de la historia no había arquitectas y, por lo tanto, la lengua española no tenía necesidad de articular «arquitecta». Eso cambió hace décadas, por lo que ahora es necesario y lógico decir «arquitecta». Otra manifestación de lo que la gente llama «lenguaje inclusivo» es la encomienda de evitar el masculino genérico, recurriendo a estrategias como «el estudiantado» y «las y los estudiantes» para *incluir* al género femenino de manera evidente, ya que el masculino genérico —de acuerdo con esta teoría— invisibiliza a las mujeres. No voy a discutir esa última teoría, pero quiero subrayar que se trata de dos fenómenos distintos (hay más) y creo que cualquier persona que los considere por un segundo puede reconocer la diferencia: uno es «natural» (arquitecta) mientras que el otro es el resultado de un ejercicio político (válido/hermoso/necesario/whatever, pero no «natural»).

En estas discusiones lamentablemente hay que lidiar con chamaquitería e incomprensión: por un lado, nadie ni nada impone cómo un sujeto tiene que hablar. La gente habla como le dé la gana, y punto. Si un hablante decide utilizar los desdoblamientos cada vez que se refiere a un grupo compuesto por sujetos de ambos géneros, que lo haga. Decir «los estudiantes» no es más correcto que decir «los y las estudiantes»: se trata de decisiones que toman los hablantes, ya sea por costumbre o por ideología. Por otro lado, es igualmente chamaquiteril entender una moda lingüística como si fuera un «avance evolutivo». Esto, por muchas razones; una de ellas, que «evolución» en el sentido darwiniano (que es el de la lengua también) no implica «avance» ni «progreso».

La variante «e» del lenguaje inclusivo no tiene que ver con evolución de la lengua, a menos que uno entienda la variante «e» como una mutación (más específicamente, una «deriva» memética). El error consiste en confundir «progreso» con «evolución», que equivale a confundir la gimnasia con la magnesia. La explicación de que «ahora se dice abogades puertorriqueñes» o «Ricky se burló de les muertes de María» PORQUE la lengua evoluciona es torpe en la medida en que una moda o un idiolecto no guardan relación con lo evolutivo, a menos que se lean como mutaciones. La idea que está detrás es que algo más «evolucionado» es algo más «progre», lo que acusa no comprender el concepto de «evolución».

Los idiomas cambian con el paso del tiempo y la Teoría de la Evolución puede ayudar a describir estos cambios. Las lenguas, como los organismos biológicos, se adaptan a su medioambiente y sobreviven los especímenes (lexemas, sonidos, construcciones sintácticas, morfemas, etc.) más aptos. La Teoría de la Evolución, en su forma más básica, plantea que hay tres elementos necesarios para que una especie biológica (y las lenguas pueden verse como tales) cambie con el paso del tiempo y se transforme en otra; estos elementos son herencia, variación y selección.

(1) Herencia: El sujeto oye el idioma a su alrededor desde el primer hasta el sexto año de vida (más o menos) y lo adquiere, adaptando las reglas de la lengua en la que crece a los principios y parámetros lingüísticos con los que nació mediante lo que Chomsky llama «transformaciones». Esto es: aunque la facultad lingüística es hereditaria, el idioma se adquiere de acuerdo con la lengua que hablen los sujetos que rodean al infante (su familia y otros niños). La lengua (el idioma) se «hereda» en un sentido cultural; jamás en el biológico. Ahora, como esa herencia es cultural, está a la merced de cambios culturales como el desarrollo de tecnologías y, sobre todo, el contacto entre lenguas (esto sería análogo a cuando una especie animal entra en contacto con algún depredador a nivel masivo o con un cambio geográfico agudo): decimos «hot dog» y «parking» por el contacto con el inglés, decimos «evangelio» y «cementerio» por el contacto con el griego, decimos «almohada» y «berenjena» por el contacto con el árabe, «enagua» y «huracán» por el contacto con el arahuaco en su variedad taína, etc. Los contactos entre lenguas se dan por muchas vías: la más dramática es la invasión militar y la conquista.

(2) Variación: La articulación de los sonidos permite variación por un número de razones (coarticulación, asimilación, etc.). Decir «mera» en vez de «mira» es un fenómeno evolutivo en este sentido; lo mismo con «puelto» vs «puerto». ¿Por qué en 2023 decimos «hijo» y no «filius»? Por fenómenos coarticulatorios en los que puede operar como factor la relación entre superestratos y sustratos, pero que se explican principalmente mediante la economía fonética. Los sonidos «tate» y «estate» son semánticamente intercambiables (yo digo «tate» y tú piensas en «estate» sin ningún problema). Lo mismo sucede con fenómenos como transformar las oclusivas intervocálicas de acuerdo con su cercanía a vocales (fenómeno conocido como «lenición»): la «t» de «vitam» en latín se convirtió en la «d» de «vida» en español porque está entre vocales y la sonoridad de esas vocales afectó el sonido consonántico; hoy día este fenómeno es el causante de que uno diga «cansao» en vez de «cansado», dos variaciones de la misma palabra.

(3) Selección: This is the tricky part. ¿Por qué decimos «tate quieto» en vez de «estate quieto»? Por economizarnos una sílaba. Los sonidos «tate» y «estate» son memes (en el sentido de Dawkins y Dennett) que compiten por espacio en nuestra mente. Hay uno de ellos que es más económico: ese prevalece. Lo mismo con «puelto» y «puerto» en el español boricua. Esta selección recibe además un ayudita cultural: decimos «puelto» y no «puerto» porque escuchamos a otra gente decir «puelto» y replicamos el meme en nuestros cerebros. En este caso, la selección depende de la competencia entre memes dentro del cerebro del hablante; otra competencia es la que resulta en el habla entre sujetos dentro de un contexto multilingüístico, como sucede en casos de invasiones militares (la península ibérica fue invadida al menos por romanos, grupos germánicos y árabes del Magreb; por ello, la lengua de esa región del mundo es una mezcla de al menos la lengua de esos tres grupos). De otra parte, ¿por qué decimos «guerra» y no «belo»? Porque a partir de los siglos VI en adelante, varias etnias germánicas se instalaron en la península ibérica y, aunque incorporaron el latín, se les «pegaron» más algunas palabras de su lengua natal (como «guerra») que su contraparte en latín vulgar, probablemente por imitación: como meme dawkiniano, «guerra» les pareció más atractivo (y por lo tanto terminó propagándose de manera más viral) que «belo».

Volviendo a la variante «e»: Las lenguas sí pueden, en efecto, cambiar mediante mutaciones (en este caso, un cambio fonológico producto de instrucción y uso que proceden desde las clases dominantes educadas y afines a la ideología religiosa woke, que plantea que a través de ajustes morfológicos como la «e» se combate el patriarcado, se acomete una acción política libertaria y se cambia el mundo). Una mutación (o una «deriva memética») puede afectar la diacronía de cualquier lengua, claro; pero es arriesgado y un poco caprichoso ver una moda contemporánea y entenderla como un paso evolutivo, sobre todo partiendo de que ese paso es más «progre»: evolución no implica progresión, avance ni mejoramiento. De igual forma, es arriesgado y caprichoso decir que los ajustes en el sistema de recompensa de serotonina y dopamina en el cerebro de quienes usan TikTok o Instagram consistentemente de alguna manera «evolucionan» la especie humana: podría darse el caso, pero solo el tiempo dirá.

Habría que esperar un poco para ver si la mutación (o la «deriva») transforma la lengua a nivel masivo (más allá de la lengua-i de pequeños grupos de hablantes, en su mayoría universitarios, de posicionamientos políticos progre, cuir, de la clase profesional administrativa, etc.). Podría darse el caso; sobre todo, en la medida en que las clases dominantes educadas impongan esta moda mediante los sistemas educativos y tengan éxito (no tuvieron éxito, por ejemplo, en otras movidas de este tipo, como por ejemplo enseñar en Puerto Rico que la segunda persona plural es «vosotros», como me dijeron por un par de años en la escuela; o como la insistencia de evitar anglicismos para «proteger la santidad de la lengua hispana», otro capricho igualmente religioso con cero base científica). No me queda claro si los educadores e intelectuales woke podrán imponer la «e» en parte porque los educadores e intelectuales tradicionales no han podido imponer que «se dice ha habido, no han habido», otro embeleco de educadores que no se acercan al estudio de la lengua desde una óptica científica.

De nuevo, la conversación se entorpece por el capricho de decirle al otro «cómo es que se debe hablar», ya sea insistiendo en que «hay que decir amigues boricues» o insistiendo en que «no, no se puede decir amigues boricues», tan ridículo un posicionamiento como el otro. En todo caso, la normativa (venga de los woke o venga de hispanistas anticuados) no tiene que ver demasiado con la evolución de la lengua porque evolución no implica progreso.

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Author: alejandro carpio