La relatividad del tiempo en la celebración de Fin de Año: Una mirada desde la Psicología

 

Lcdo. Luis Ibrahyn Casiano / Trabajador Social Clínico

La llegada del fin de año nos sumerge en una experiencia única y colectiva, donde el tiempo parece comportarse de manera peculiar. En el torbellino de festividades, especialmente en la celebración del cambio de año, el reloj adquiere una dimensión subjetiva que desafía las leyes convencionales. Este fenómeno, conocido como la relatividad del tiempo, cobra especial relevancia cuando se observa desde la perspectiva de la psicología. Desde una perspectiva psicológica, el tiempo no es una entidad estática y uniforme, sino una construcción mental influenciada por diversos factores. La anticipación y la emoción generadas por la llegada del nuevo año pueden distorsionar nuestra percepción temporal, haciendo que los minutos transcurran de manera diferente a como lo hacen en la rutina diaria. Este fenómeno es especialmente evidente durante la cuenta regresiva para dar la bienvenida al año entrante. La relatividad del tiempo en la celebración de fin de año se manifiesta en la dualidad entre el pasado y el futuro.

Ante esto, reflexionamos sobre los logros y desafíos del año que termina, sumergiéndonos en un estado introspectivo que parece alargar el presente. Al mismo tiempo, proyectamos nuestras expectativas y metas hacia el futuro, acelerando el ritmo del tiempo a medida que visualizamos lo que está por venir. El componente social de la celebración también desempeña un papel crucial en esta percepción relativa. Pues la conexión con amigos y seres queridos, y la alegría compartida contribuyen a la creación de momentos significativos que parecen escapar de las limitaciones temporales ordinarias. La risa, los abrazos y los buenos deseos se convierten en instantes atemporales que se graban en la memoria colectiva. Además, la relatividad del tiempo se manifiesta en la sensación de renovación que acompaña al inicio de un nuevo año. La psicología del cambio y la resolución de metas propias de esta época contribuye a una percepción acelerada del tiempo, como si el reloj se apresurara para dar paso a una versión mejorada de nosotros mismos.

Sin embargo, esta relatividad temporal también puede tener su lado oscuro. La presión social para disfrutar al máximo, la comparación con logros ajenos y la sensación de tiempo perdido pueden generar ansiedad y reflexiones melancólicas, que pueden exacerbar sintomatologías respecto a diagnósticos previos y/o desencadenar en nuevos trastornos; ¡así que cuidado!. La fugacidad de la noche de fin de año, a pesar de su intensidad, puede dar paso a la realidad de la mañana siguiente, donde el tiempo recupera su curso habitual; y es ahí donde cae nuevamente la rutina del día sobre nosotros. Con esta cita de Sigmund Freud, represento en síntesis una gran verdad, “la gente vive en el presente. Ellos planean para y sueñan con el futuro con la esperanza de alcanzar la felicidad. El presente, simplemente, es vivido.” Es por eso que, desde la psicología, entendemos que esta percepción subjetiva del tiempo es moldeada por nuestras experiencias, emociones y expectativas nacidas principalmente de las carencias o de lo que sentimos carente. Es por eso, que, en vez de abrazar esta relatividad temporal, debemos apreciar la riqueza de cada momento y reflexionar sobre la naturaleza efímera y preciosa del tiempo que compartimos con aquellos que amamos, pero más aun, debemos ser consciente que el tiempo es una herramienta y no un ente. Lo que hace que solo dependamos de nosotros y no de la percepción del tiempo o de su transcurrir utópico.

Considerar el tiempo como una herramienta y a nosotros como precursores en acción puede transformar radicalmente nuestra relación con esta entidad aparentemente inexorable. En lugar de ver el tiempo como un enemigo implacable que marca el transcurso de nuestra existencia o verlo como algo especial, debemos reconocerlo como una herramienta valiosa. El tiempo es un lienzo en blanco sobre el cual pintamos nuestras experiencias, logros y relaciones. Al abrazar esta perspectiva, nos convertimos en arquitectos de nuestra propia narrativa temporal, capaces de dar forma y dirección a nuestras vidas planificando y “nunca soñando”. Así, la planificación y la organización se convierten en aliados fundamentales en esta perspectiva. Al reconocer que el tiempo es una herramienta maleable, somos capaces de establecer metas claras, trazar estrategias y asignar recursos de manera eficiente. Esta mentalidad nos libera de la sensación de estar atrapados en una corriente sin control, permitiéndonos convertirnos en maestros de nuestro destino. Construyamos el hoy, pues es así como momento a momento se construye el futuro más allá de una fiesta que enmarca un fin y un comienzo subjetivo.

 

 

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Author: Redacción